jueves, 29 de abril de 2010

       Se lo debo a mi afición por la lectura de las críticas cinematográficas. El lenguaje tan característico que emplean todos los críticos es toda una institución. A menudo, parece como si se tratara de una competición por hacer ver la gran dosis de originalidad e intelecto del artífice. Con ello, no resto mérito al estilo, a menudo ocurrente y chispeante y lleno de ironía... o de mala leche. Como se prefiera.
        Al principio, la frustración hacía mella en mi ánimo, puesto que no entendía la mayoría de aquellas palabrejas; las que parecían constreñirse sobre sí mismas en un acto de visceral y complejo hermetismo. Así que... al diccionario. Era un golpe bajo a mi pobre cultura. Y yo quería aprender. El tesón lo puede casi todo, y así, armado de paciencia infinita, el diccionario, una libreta y mi rabia, comencé la ardua tarea. La libreta y su orden alfabético fue llenándose de los pequeños enigmas y su explicación. Y ahora, he de ver que dicho trabajo me ha venido de perlas para lo escribir novelas. Aunque, dicho sea de paso, el estilo de las mismas no coincide con el empleado en las críticas, y la mayoría de esas palabras me las he de quitar de la mente a la hora de escribir.
       En cuanto a las críticas cinematográficas, hecho en falta, como siempre, una transgresión al estilo establecido. La falta de originalidad, personalidad o ideas, impelen un ánimo abatido por las tradiciones y el eterno sentido de la imitación. Al menos, hasta que un nuevo Da Vinci de las críticas alce su pluma, y todos, a la vista del éxito, prosigan por esa línea durante algunos decenios más.
         Por lo que a mí respecta, agradezco la jodida complejidad de que hacen gala dichos pensadores, pues ha impelido mi ánimo hacia el amor por las palabras.
        


Tags: blogs, personal, filosofía

Publicado por jrsalesworld @ 13:32
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